Si algo se ha dicho siempre es que el arte tiene muchas vías, entre ellas, la pintura, una fuente histórica que ha traído a nuestros tiempos, en muchos casos, costumbres e incluso imágenes de otras épocas que habrían quedado olvidadas.

Descubrir y analizar cuadros puede traer, además, inconscientemente, sonidos.

Solo hay que echar un vistazo a algunos trabajos de Renoir como sus «Dos niñas al piano» para automáticamente escuchar inconscientemente el sonido del instrumento en nuestra mente.  Algo parecido pasa con Klimt que, pese a que ha pasado a la historia por otro tipo de pinturas, también dejó inmortalizado a Schubert al piano.

Pero no es el único ejemplo, Rubens, conocido por sus gracias, también trajo el arpa a primer plano en su Rey David tocando el arpa, uno de los pasajes Bíblicos que trae parte de la historia con Saúl como coprotagonista de una historia, cuanto menos, esperanzadora.

Degás se atrevió con toda la orquesta, pintando a un grupo de ópera bien surtido de instrumentos que están a puntos de hacer resonar sus notas bajo un escenario en el que las bailarinas preparan sus movimientos elegantes. Invoca una música calma, llena de notas sutiles y elegantes que acompañen brazos y pies de quienes con tutú rosa bailaban.

Vermeer también trajo un instrumento a su pincel a través de una guitarra. El autor barroco, apostó por traer la imagen de una niña interpretando música mientras las cuerdas vibran.

Pero, sin duda, uno de los cuadros más conocidos relacionados con la música, son precisamente los Tres músicos de Picasso, una obra maestra que tiene un cuadro también versionado por el propio autor que ha servido durante mucho tiempo como ilustración perfecta de lo que significa la unión del color y el sonido.

Con su famosa técnica del collage, fue capaz de mostrar tres figuras que, vistas de frente o lado, muestran un clarinete y una guitarra frente a una partitura. Es uno de los cuadros más visitados en el Moma, donde está expuesto. Los personajes, que recuerdan al arlequín italiano de las clásicas operetas, hablan de un final perfecto para su composición cubista, una obra maestra que durante siglos seguirá atrayendo con sus colores y sonidos la mirada de cualquier amante del arte.