La música es el alimento del alma. Al menos, eso es lo que se lleva diciendo desde hace siglos pero, ¿realmente es capaz de mejorar la salud a través de las notas?

La respuesta es sí. La música llega a conseguir incluso bajar la presión arterial gracias a la pausa que puede dar a la respiración.

Durante siglos, de hecho, la respiración ha sido clave para muchas culturas en prácticas como el yoga o la meditación, lo que permitía regular latidos, relajar la mente y, con eso, el cuerpo.

Y, en realidad, todo tiene una respuesta hormonal: el cortisol, capaz de tener relación con todos los órganos y tejidos corporales y capaz de responder no solo al estrés sino de combatir, a través del sistema inmune, contra las infecciones.

El elegir la música adecuada para cada momento puede ser, incluso terapéutico. Dependiendo del ritmo y cadencia, puede hacer que el organismo entienda que debe ponerse en marcha o bien relajarse.

Basta echar un vistazo al tipo de música que se utiliza por ejemplo en las clases colectivas de cardio para ver cómo repercute el ritmo rápido en los movimientos de las coreografías. Sin embargo, en las clases de meditación o relajación, la cadencia baja hasta conseguir acompasar los latidos y rebajarlos al mínimo para que el cuerpo descargue la tensión y se relaje.

«Ha quedado demostrado que piezas como el Para Elisa de Beethoven, el concierto de Brandemburgo de Bach o los Adagio son perfectas para la bajada de presión arterial» explican algunos terapeutas.

Ansiedad, depresión e incluso memoria pueden incentivarse gracias a melodías diseñadas para tal efecto porque sí, más allá de la hormona, también actúa directamente sobre el cerebro y las emociones. Es vital seguir dejando que la música suene, en radio, en plataformas de streaming y que se siga utilizando como terapia para mejorar la salud de la población porque, más allá de gustos y estilos, está claro que afecta al ánimo y ahora, más que nunca, es necesario tener un refugio para encontrarse mejor.