Este Halloween está claro que va a ser distinto, poca relación social, nada de ir a pedir truco o trato y máximo seis personas. Eso ¿qué significa?

Que es hora de dar un paso adelante y buscar pasar un buen rato de miedo, con todas las medidas de seguridad para evitar que de verdad se convierta en una velada de terror, pero disfrutando de un rato con la mejor banda sonora posible.

¿Cuál puede ser esa playlist?

Sin duda, la primera que hay que pensar cuando se trata de dar miedo, es Thriller.

El videoclip de Michael Jackson, lanzado en 1982, supuso un antes y un después a la forma de entender la parte visual de la música. Rodado casi como si de una película se tratara, sus bailes, su ambientación, vestuario y demás efectos le han hecho imprescindible en cualquier selección de miedo que se tercie.

A esta canción, sin duda, hay que sumarle el Tubular Bells de Mike Oldfield. Banda sonora de una de las cintas de terror de culto como El Exorcista, ese toque sutil metálico que acompaña la composición es capaz de ambientar cualquier historia de miedo que quiera contarse alrededor de una calabaza encendida.

Para no dejar de lado ese sonido, pero avanzar algo más, está John Carpenter con su Halloween, creando nota a nota un halo de misterio al ritmo de un teclado capaz de poner los pelos de punta al más valiente del grupo. Según avanza la música, va consiguiendo inquietar, con sus cambios de ritmo, todo podría ser posible. Desde luego como fondo para contar historias espeluznantes, es único.

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Ocurre igual con Pino Donnagio en su mítica Carrie, que, gracias a violines pone los pelos de punta en un constante repiqueteo de corazón al son del piano, que no modifica su base sino para avanzar por la composición mientras acelera el pulso.

Pero si de verdad se quiere crear el efecto terrorífico deseado, no hay playlist de terror que pase por alto a Jerry Goldsmith con su Suite The Omen, una composición de casi 12 minutos que es el resumen sonoro perfecto del género, con sus tiempos de suspense, de adaggio, de relax y de intensidad acompañado por un coro casi gregoriano detrás que consigue transportar la mente a cualquier cementerio o casa abandonada donde todo sería posible.